jueves, 4 de febrero de 2010

¿Y qué pasa con la formación de nuestros jóvenes?

Planes locales anticrisis. Semejante apelativo es el empleado por la consellera de treball de la Generalitat de Catalunya para nombrar a los sustitutos de aquellos programas consolidados desde hace casi 25 años, llamados Escuelas Taller, Casas de Oficio y Talleres de Empleo.

Olvidándose de que la formación es una de las alternativas más eficientes que debe utilizar la sociedad -especialmente los más jóvenes- para intentar esquivar los problemas surgidos por la crisis, la política catalana lanza un órdago a la experiencia formación-empleo con más arraigo en nuestro país y que ha sido exportada con éxito a otros países de Europa o América. Catalogando los proyectos de Escuelas Taller como caros, la consellera incide en cifras económicas para valorar una formación -la formación no tiene precio, debería usted saberlo-, de demostrada calidad y con unos magníficos resultados tanto en porcentajes de inserción laboral, como en beneficios a nuestro patrimonio artístico, cultural y medioambiental, además de los provechos sociales que conlleva.


Hace un par de años, la secretaria de empleo de la Generalitat Valenciana comentaba que “ninguna enseñanza técnico-profesional está ofreciendo porcentajes de inserción tan elevados como éstos, lo que convierte a las Escuelas Taller en una de las mejores herramientas formativas que permiten a los jóvenes desempleados mejorar su empleabilidad e integrarse en el mercado laboral”, durante más de la mitad de la etapa formativa los alumnos son contratados por los entes promotores combinando la formación teórica, la formación práctica y el trabajo real. Características especiales que sólo conocurren en este tipo de formación y que ayudan a que el alumno se sienta más motivado y protegido en su etapa formativa. Hoy que los índices de inserción son bajos debido a la situación del mercado laboral, más aún para los jóvenes sin experiencia, es el momento de apostar más fuerte por el programa. Será una inversión rentable, tal y como ha quedado demostrado desde que el maestro Peridis fundará la primera Escuela Taller.


Expongo a continuación otra de las caraterísticas de este programa que lo hace aún más necesario. A una Escuela Taller o Casa de Oficios se puede acceder desde los 16 hasta los 25 años. Para ello no hace falta requisito más que cumplir lo establecido en el certificado de profesionalidad correspondiente, lo cual conlleva que hasta estos centros acudan jóvenes sin estudios primarios, que abandonaron la etapa escolar (la famosa y fracasada etapa de la ESO) antes de tiempo. Apuntarle también a la señora consellera, que a fecha de hoy el perfil de alumno que solicita el acceso a estos programas es ahora más variado, tal vez de mayor nivel, son jóvenes que antes trabajaban, bastantes con estudios primarios y de mayor edad, que tienen el acceso a un trabajo mucho más complicado que antes y en general han sido los primeros en sufrir la peste del paro actual.


De estos jóvenes usted se olvida, ¿que estén en la calle aburridos y formándose en otras artes no?. Pues no señora consellera, estos jóvenes necesitan incrementar su empleabilidad y formarse en alguna materia más que facilte su inserción laboral lo antes posible, por lo tanto se debe invertir en su formación de manera ineludible. Las Escuelas Taller llevan casi 25 años trabajando en este aspecto.




La Vanguardia, que se hacía eco de sus desafortunada decisión, refería a que en este programa se daba acceso a jóvenes que provienen del fracaso escolar y también a aquellos en riesgo de exclusión social, es cierto, ahora y más aún en etapas anteriores, muchos jóvenes salieron de esta situación debido a su paso por una escuela taller o una casa de oficios, no se olvide tampoco de ellos.

Por tanto su decisión pone en riesgo de exclusión social a todos los jóvenes indiferentemente de su situación, ahora no tendrán ningún docente o monitor que les pueda enseñar un oficio, que les facilite el acceso al mundo laboral incrementando su empleabilidad o que el programa consiga que dejen de estar al borde de la exclusión social. Ahora estarán en la calle esperando una llamada para acceder a un plan anticrisis, que usted y yo sabemos a buen seguro, no les llegará.

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