miércoles, 5 de abril de 2017

Salvajes talas injustificadas por empresas de aprovechamiento energético.-

“Mientras un árbol viejo está vivo, en parte es valioso para la vida silvestre sólo por tratarse de un recurso renovable. Aun así, los árboles muertos que presentan características de árbol viejo, continúan siendo valiosos para la vida salvaje porque se descomponen lentamente. Estos árboles son a menudo infravalorados, pero se deberían tratar con el mismo respeto que a los árboles que aún están vivos”.

"La humanidad ha perdido la comunicación con el medio natural, rodeándose de cemento, aislada, perdió la habilidad y la sensibilidad de escuchar los mensajes de la naturaleza",

Hace escasos días el arbolado presente en el bosque de un Paraje Natural Valenciano, ha sufrido las consecuencias de la actuación a nuestro juicio incorrecta, procediendo a la eliminación de muchísimos ejemplares de árboles, talados desde la base y ejerciendo un procedimiento incorrecto para el mantenimiento de las especies vegetales, realizando una tala masiva de arbolado, joven y adulto, sin un criterio claro de selección de especies y además, según informan diferentes páginas de opinión y un periódico digital, el día 26 de marzo de 2017, estos trabajos se han realizado sin un informe previo de actuación medioambiental.

Ya comentamos en esta página, la importancia del mantenimiento de lo árboles antiguos: http://www.verticaliavalencia.es/2016/02/el-poder-de-los-arboles-ancianos-ii.html

Tampoco a día de hoy, léemos en facebook, parece que los restos de esta actuación que consideramos brutal y excesiva, han sido triturados para devolver al suelo los restos orgánicos, ni se han retirado los residuos maderables a ninguna planta de compostaje. Sí sabemos que la tala estuvo tres semanas acopiada sobre el el cauce del río.

Todo esto, de ser así, es un procedimiento incorrecto que vulnera las normas técnologicas en Jardinería y Paisajismo y la Norma Granada de valoración de arbolado y tal vez la legislación de conservación de arboles maduros de la Comunidad Valenciana.

Además, según informan diversos medios informativos, parece ser que la tala se ha realizado de forma indiscriminada, sin criterio de selección alguno, ni tampoco con una metodología correcta para realizar el trabajo, pues parece ser que durante la tala no se han realizado las actuaciones.

necesarias para preservar aquellos otros árboles que lindaban alrededor de los sacrificados, siendo también talados, al ser alcanzados, siendo objeto de diana de aquellos sobre los que se trabajaba.

La conservación en fase senescente y cómo asumir el riesgo

Objetivo: Establecer unas bases metodológicas objetivas para establecer un sistema jerárquico de actuación sobre los árboles que tenga como factores preferentes la seguridad de los visitantes y los trabajadores del jardín, y la conservación a largo plazo de los individuos monumentales.

Diagnóstico:
1) Evaluación Visual de los Árboles (EVA). Permite valorar el estado de la estructura del árbol.
2) Estudio de Riesgos (ER). Permite valorar los riesgos que pueden generar el estado del árbol en su ubicación.
Valoramos: relevancia de la especie, vitalidad del ejemplar, relevancia del ejemplar, defectos estructurales, riesgos sobre las personas, accesibilidad, etc.

Trabajos de poda en árboles viejos:

Una vez se ha decidido podar un árbol viejo, es necesario examinar en detalle cómo y cuándo hacerlo. Hace pocos años, la posibilidad de que un árbol viejo sobreviviera una poda se consideraba insignificante. Desde entonces, multitud de árboles viejos se han podado en distintas situaciones y los resultados han sido heterogéneos. Sin lugar a dudas, algunos trabajos han sido exitosos, por eso es posible dar algunas orientaciones sobre lo que probablemente funcione, pero no hay recetas que garanticen que va a funcionar.

Depende de muchas variables, por ejemplo especie, edad, tipo de suelo, localización y aspecto, manejos previos, habilidad del operario, condiciones ambientales, y la incidencia que el estrés inducido pueda tener en el árbol. Si se piensa trabajar en un grupo de árboles, probar primero las técnicas en un pequeño número para asegurar que funciona. Esto también es lo mejor para la conservación del lugar, nunca intervenir en todos los recursos y tampoco en el mismo momento. La suma de muchos árboles individuales hace que los lugares con muchos árboles viejos sean más valiosos en términos de conservación. Los individuos no son prescindibles porque haya muchos.

Los árboles no existen aislados del entorno. El medio físico que les rodea puede ser crucial para su bienestar; y también forman parte del paisaje, que puede ser tan importante o más que ellos mismos. La sección previa trataba sobre el manejo de los árboles viejos en sí. Aunque en muchas ocasiones, no son los árboles los que precisan las actuaciones, sino la parcela donde se encuentran. Las condiciones del suelo afecta a las raíces y al crecimiento. Lo que crece alrededor del árbol puede competir por el agua, la luz y los nutrientes; o incluso, podría prenderse fuego. Las influencias externas pueden afectar a la salud de los árboles y a los organismos presentes.

Los árboles viejos son parte del paisaje, bien sea en un diseño formal o como consecuencia de la evolución natural. La función del árbol dentro del paisaje es importante, por las implicaciones en la gestión del terreno donde se ubican los árboles y por la gestión de los árboles propiamente dichos. Un ejemplo, la madera muerta que se encuentra en los árboles vivos es especialmente valiosa para los organismos saproxílicos.

La Importancia de los árboles maduros en nuestros Bosques y Parajes Naturales:

Los árboles adultos, nuestros árboles ancianos, son un legado del pasado y tienen una importancia biológica extraordinaria que nos obliga a su cuidado y mantenimiento. Capaces de formar auténticos nichos ecológicos, estos son capaces de albergar una gran cantidad de vida a su alrededor, incluso después de haber perdido la vida. 

Alrededor de 14 millones de hectáreas forestales desaparecen cada año en todo el planeta, el equivalente a todos los bosques españoles. En la Península, la deforestación también avanza de forma inexorable. Sólo el 25% de su superficie está cubierta por masas arbóreas.

En el año internacional de los bosques, la Asamblea General de la ONU ha lanzado la voz de alarma. Esta sangría medioambiental compromete la biodiversidad de nuestros ecosistemas y acaba con los ejemplares más ancianos, los últimos testimonios de cómo eran nuestras arboledas.

"Su importancia es vital porque no sólo mantienen el 75% de la biodiversidad terrestre, si no que representan un patrimonio genético de extraordinario valor por su gran capacidad de adaptación", precisa el botánico Bernabé Moya, exdirector del departamento de Árboles Monumentales de la Diputación de Valencia.

Sabemos que los bosques tiene un valor crucial y que son ecosistemas que nos aportan servicios esenciales, como la regulación de los cursos de agua o la influencia en los modelos climáticos. Uno de los servicios que está en discusión en estos días es el papel de los árboles como ayuda para regular la cantidad de gases de efecto invernadero, concretamente el dióxido de carbono, en la atmósfera. Un nuevo estudio de la revista Nature, una de las publicaciones científicas más importantes, demuestra que los grandes arboles juegan un rol crucial.

El altruismo entre arboles permite el desarrollo del bosque:

“Además de competir por recursos en la lucha por la supervivencia, los árboles también los comparten por un bien común: el crecimiento del bosque”.

Científicos del botánico de la universidad de Basel, han descubierto que los árboles no solo emplean carbono para realizar sus propias funciones vitales, sino que comparten un gran porcentaje con los árboles vecinos. Los responsables de esta relación simbiótica son los hongos  micorrizas, que permiten la conducción  de este elemento vital para realizar la fotosíntesis y producir todo tipo de biomoléculas

En los bosques templados, los árboles más grandes llegan a compartir hasta a un 40 por ciento del carbono asimilado a través de sus sistemas de raíces. El hallazgo podría ser de gran utilidad para la protección de bosques y  conservación del carbono en la tierra.

Según Greenpeace,  los bosques almacenan grandes cantidades de carbono que de otra manera contribuirían al cambio climático. Almacenan casi 300.000 millones de toneladas de carbono en las partes vivas (biomasa), lo que supone aproximadamente 30 veces la cantidad anual de las emisiones emitidas en la quema de combustibles fósiles. Sin embargo, cuando se degradan o destruyen estos bosques, toda esta cantidad se libera a la atmósfera.

Se solía pensar que sólo los árboles jóvenes durante su fase de crecimiento capturaban o secuestraban carbono de la atmósfera, y que al llegar a la madurez simplemente almacenaban carbono. Sin embargo, nuevos estudios que demuestran que los grandes árboles, el arbolado adulto, también captura carbono de la atmósfera. 

Las investigaciones han puesto en evidencia que la absorción de carbono de los árboles (medido a través de tasas de crecimiento) aumenta continuamente con su tamaño, debido a que la superficie foliar aumenta a medida que crecen. Es decir, los árboles mayores tienen más cantidad de hojas con lo que pueden absorber mayor cantidad. Estos grandes árboles se encuentran en los bosques primarios y tienen más importancia que los árboles jóvenes ya que dan soporte a un amplio rango de especies. Por ejemplo, sus huecos y recovecos aportan hábitats donde las aves anidan.

Aves y árboles senescentes

Algunos árboles de aspecto decadente resultan ser un recurso muy valioso para el bosque ya que generan refugio y alimento para muchas especies animales y vegetales.

Más de un tercio de las aves de nuestros bosques están estrechamente relacionadas con la presencia de árboles con cavidades y de árboles muertos ya que en ellos encuentran un lugar de reposo, de reproducción y de alimento.


Todas las especies de pájaros carpinteros construyen oquedades en los árboles que utilizan para críar y refugiarse, excepto el torcecuello que utiliza una cavidad vieja de otro tipo de carpintero.

En muchos de nuestros bosques, los árboles con agujeros son un bien tan escaso y apreciado que en ocasiones sus dueños deben estar dispuestos a defenderlos.

La distribución de algunas especies carpinteros, a lo largo de la península, coincide con la presencia de árboles con estas características y están ausentes en aquellos en los que ya han desaparecido este tipo de árboles, así ocurre con el pico dorsiblanco y el pico mediano, en menor medida con el pito negro.

Algunas especies de aves han alcanzado un grado de especialización tal que dependen de este tipo de recurso en el bosque para sobrevivir, sus requerimientos ecológicos son tan estrictos que sólo pueden habitar en bosques en los que la madera muerta y los árboles grandes en los que excavar sus nidos son abundantes.

 Los árboles viejos y las rapaces nocturnas.- 

Existen varias especies de rapaces nocturnas que emplean los huecos en los árboles para nidificar. Hay que destacar el Cárabo Común (Strix aluco), el Búho Chico (Asio otus), la Lechuza Común (Tyto alba), el Mochuelo Común (Athene noctua), el Autillo Europeo (Otus scops) y el Mochuelo Boreal (Aegolius funereus). El Búho Real (Bubo bubo) es la especie de mayor tamaño de nuestras aves rapaces nocturnas, normalmente cría en acantilados inaccesibles o en el suelo, aunque en ocasiones puede anidar en árboles, aprovechando nidos abandonados de otras especies. El Mochuelo Boreal suele aprovechar los antiguos nidos de los pájaros carpinteros situados en árboles maduros para nidificar.

Todo este grupo de especies cumplen una gran labor en la naturaleza como controladores de plagas de roedores, su principal base alimentaria. El Autillo Europeo y el Mochuelo Común son dos excepciones dentro de este grupo, ya que capturan principalmente insectos. El Mochuelo Común puede capturar también pequeñas aves, anfibios y reptiles.

La mayor parte de las aves rapaces nocturnas necesitan la presencia de árboles con huecos apropiados para nidificar. El Autillo Europeo, el Mochuelo Común y la Lechuza Común son tres claros ejemplos de adaptación al medio ambiente urbano, aunque también necesitan huecos en los árboles o en los muros para nidificar. Sin embargo, el Cárabo y el Búho Chico prefieren los bosques maduros y los árboles viejos para anidar, el primero aprovechando los huecos naturales y el segundo en viejos nidos de otras aves.

De aquí la importancia de los árboles viejos en nuestro entorno, tanto urbano como natural para la conservación de estas especies. La abundancia de árboles viejos, con sus huecos más o menos grandes, favorecen que las distintas especies de rapaces nocturnas puedan nidificar y descansar. La existencia de árboles con huecos permite la presencia de estos depredadores alados, silenciosos y buenos reguladores de las poblaciones de roedores.

Actualmente, la mayor parte de las rapaces nocturnas están protegidas por la legislación vigente. La conservación de los árboles viejos y de los bosques maduros constituye un elemento de vital importancia para la supervivencia de estas especies. (J. M. Lekuona)


Los huecos en los árboles y la presencia de paseriformes

Los huecos de menor tamaño en los árboles de nuestros bosques, permiten la presencia de otras especies de aves, más pequeñas que las rapaces nocturnas. Un claro ejemplo es el Trepador Azul (Sitta europaea), una pequeña ave de color gris azulado que da la sensación de no tener cuello, con una cabeza bastante grande y un pico largo y puntiagudo. El Trepador Azul nidifica en huecos de los árboles y puede reducir el tamaño de la entrada con barro. Tiene la capacidad de trepar boca abajo, aspecto éste que permite distinguirlo de los agateadores (género Certhia). Los agateadores son también aves pequeñas, de color pardo, con un pico largo y curvado hacia abajo y poseen las plumas de la cola rígidas. Los agateadores anidan bajo las escamas de la corteza o sobre los troncos. En Navarra hay dos especies: el Agateador Norteño (Certhia familiaris) y el Agateador Común (Certhia brachydactyla). La dieta de estas tres especies es básicamente insectívora, buscando y capturando a sus presas entre los huecos de las ramas y troncos.

Resumen:

En la importancia de la conservación forestal también nuestros arboles mayores desarrollan una labor indispensable, los microhábitats que albergan son indispensables para la biodiversidad forestal, albergando  muchas especies en peligro de extinción, tanto en cuanto a flora, como a fauna. Estos microhátitas aumentan fuertemente con el diámetro del tronco del árbol y el grosor de la corteza. 

La madera muerta cumple un papel vital en el mantenimiento de la biodiversidad. Cuando es escasa puede incorporarse al bosque por diferentes métodos. Sin embargo, no es fácil imitar los procesos que conducen al desarrollo de hongos de pudrición central. Por ese es tan importante mantener islas de envejecimiento y áreas en alta densidad.

 Dentro del bosque es preciso conservar todos los procesos ecológicos que en él se desarrollan (colonización, depredación, competencia...) así como la producción de madera, siempre desde un punto de vista sostenible de manera que se pueda compatibilizar la gestión forestal del recurso con la conservación de los hábitats y de las diferentes especies que forman parte de la comunidad. Por lo tanto, es necesario realizar un gestión integradora de los bosques.

Los árboles adultos, nuestros árboles ancianos, son un legado del pasado y tienen una importancia biológica extraordinaria que nos obliga a su cuidado y mantenimiento. Capaces de formar auténticos nichos ecológicos, estos son capaces de albergar una gran cantidad de vida a su alrededor, incluso después de haber perdido la vida. Los bosques maduros y/o los árboles maduros/viejos llevan muchos años de evolución y asociados a una rica comunidad de aves. Los árboles maduros permiten la nidificación de las especies trogloditas, albergan los grandes nidos de las grandes rapaces, constituyen refugios, posaderos y zonas de nidificación para otras especies muy interesantes, desde el punto de vista de la conservación (pícidos, rapaces nocturnas, paseriformes trogloditas...). Estos bosques y los ejemplares maduros y/o viejos aportan una gran cantidad de madera muerta (en pie y en el suelo). La madera muerta constituye tanto una fuente de alimento, como refugio para numerosas especies, no sólo aves, también micromamíferos, insectos, hongos... Los árboles maduros/viejos aportan diferentes microhábitats (rugosidades de la corteza, huecos naturales,
lesiones, hongos, musgos, líquenes...) que aumentan la capacidad de carga como hábitat de estos ejemplares.

Consejos:

Mantener árboles viejos y conservarlos hasta su desmoronamiento. 
Un bosque sano debe tener árboles enfermos!
Conservación y marcaje de árboles muertos y con presencia de políporos para su seguimiento de usos y resilencia.
Adaptar la silvicultura de modo que se mantengan estructuras de tamaños más diversas, que incluyan árboles en distintos estado de vigor

"La humanidad ha perdido la comunicación con el medio natural, rodeándose de cemento, aislada, perdió la habilidad y la sensibilidad de escuchar los mensajes de la naturaleza", nos comunica Odile Rodríguez, hija del increíble Felix Rodríguez de la Fuente y directora del proyecto Life, grandes árboles para la vida.


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