La triple figura: Profesor, Monitor y Tutor en la Escuela-Taller.

Muchas veces se nos olvida la triple función que un monitor de Escuela Taller desarrolla en su ámbito laboral. Tanto desde el punto de vista de la formación profesional como social el monitor se enfrenta a una gran cantidad de tareas en sus relaciones con los alumnos.


En el conjunto de estas arduas tareas debemos sentirnos apoyados por el resto del equipo docente y por la dirección del centro. Es fundamental que entre los docentes exista intercambio de opiniones respecto a cualquier conflicto y demos ejemplo de trabajo en equipo, de equipo de formación, e intentar ayudar siempre al compañero que necesita ayuda a la hora de resolver un problema en su taller ,(y me acuerdo de mi buen amigo y compañero Enrique Agulles, por su destacada dedicación en esta faceta), y no dedicar un inútil tiempo a la crítica despiadada, algo que normalmente se le suele dar bastante bien a aquel que no se analiza a sí mismo, ni por supuesto lo hace a sus defectos, (generalmente abundantes por otra parte). Aprovecho para recordaros una serie de funciones como tutuores de la formación de nuestros alumnos que no debemos olvidar y que en mi curso on-line del Servef nos recuerdan:

Mejorar
el conocimiento de los alumnos sobre sí mismos (capacidades y aptitudes, posibilidades e intereses). La tutoría incide en aspectos que van más allá del aprendizaje de conocimientos: un curso puede servir para aprender a trabajar de jardinero, lo cual sin duda es muy positivo, pero además puede servir para que los alumnos que participan en él ganen en autoestima, en confianza, vean cómo son capaces de superar retos o pierdan el miedo a hablar en público.
Promover
la mejora de las condiciones del aprendizaje de los alumnos. Durante la tutoría, el formador obtiene mucha información que escapa al marco concreto del curso. Por ejemplo, en un curso de electricista de mantenimiento puede detectar un desfase entre las altas exigencias del programa y la baja calidad de las herramientas y materiales que se usan en las prácticas. No es algo que él pueda cambiar de forma inmediata, pero sí debe transmitirlo a la dirección del centro para que se corrija en futuros cursos.
Activar
y mejorar la práctica docente a través de una mayor proximidad y acercamiento entre los formadores y los alumnos. A partir del conocimiento de los problemas y expectativas de los alumnos, generar alternativas de atención e incidir en su formación integral, humana y profesional.
Crear
un clima de confianza con los alumnos, favoreciendo la comunicación y el intercambio de ideas. Si el formador establece un plan periódico de reuniones de tutoría, y los alumnos ven que la mayoría de las propuestas y aportaciones que hacen se toman en cuenta, sin duda se estarán fomentando actitudes positivas en los alumnos y eliminado posibles conflictos.
Contribuir
a elevar la calidad del proceso formativo en el ámbito de la construcción de valores, actitudes y hábitos positivos. Promover el desarrollo de habilidades intelectuales en los alumnos, mediante la utilización de estrategias de atención individualizada que completen las funciones docentes habituales.


P.D. Por su puesto esta entrada tiene destinatario.

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